Iglesia

NACIÓ GRACIAS A SUS ABUELOS.

Felicia y Esteban, mis dos abuelos, a los que llamé siempre mamá y papá sin ver ninguna diferencia entre ellos y mis padres biológicos. Les decía así, aún sin conocer la historia que os cuento, como si caprichosa la vida, anticipara el trato justo para mis dos soles, que hoy con no verlos, brillan más que nunca.

En tiempos difíciles siempre fueron mi sostén, mi apoyo…mi otra madre y padre, complementos perfectos, ejemplo de cariño. Jamás les vi enfadados, nunca. Se quisieron hasta el último momento. Sé que no viene a cuento, pero es necesario que sea justo y cuente acerca del amor entre humanos, que también puede ser para siempre.

A veces mis amigos bromeaban diciéndome: el tío de las tres madres y los tres padres, porque metían también en el saco a María. Vamos que familia no me faltaba.

En realidad, hasta los 13 años, no supe cuán importante habían sido mis abuelos en mi vida. Literalmente les debía la oportunidad de vivir.

En un exceso de sinceridad y tras una pregunta mi abuela esbozó un tema del que no habría pensado hablar nunca. Hasta ese momento, en mi horizonte infantil, jamás se había formulado la idea de que cualquier niño, en cualquier situación, pudiera ser “no deseado”, menos, que eso supusiese una puerta “válida” en algunas cabezas para acabar con su vida, o sea, abortar.

Pero si, allí estaba yo, con aquella verdad que me tiraba al suelo y mi abuela, que, sobre todo, era sincera. ¡Le agradezco tanto aquellas palabras sin filtro! -Hijo, no fuiste deseado y si no hubiéramos intervenido, te habrían abortado.

Era difícil de digerir, era complicado entender que mi madre y mi padre, los que me habían hecho en libertad hubieran querido terminar con mi vida en un exceso de libertinaje, sin tener en cuanta lo más mínimo a la criatura.

Con el tiempo se fueron aclarando los conceptos, fui encontrando información. Efectivamente, había niños no deseados, niños a los que se mataba por varios motivos, sin ir más lejos: Yo. Para mí, el mejor motivo que pueda argüir una persona para abortar, será una justificación egoísta. Yo no había pedido mi concepción, y tampoco merecía ese fin.

Comencé a comprender que uno de los problemas más grandes en la actual cultura en relación a los “no nacidos” parte de un error de concepto. El nacimiento o “X meses” no definen el momento en que comienza la vida. De manera que incluso para los ateos sería fácil de comprender y lógico, porque no es solo un asunto religioso el tema del aborto, es un asunto ético, humano y moral. Que importa más allá de las ideologías fragmentadas de las mujeres y hombres del planeta.

¿Quién soy para decidir el momento en el que aún es “ético o no” abortar? ¿No son acaso los niños de 9 meses los mismos que tiempo atrás comenzaron a crecer desde la concepción? ¿Ciertamente el derecho de la mujer sobre su cuerpo justifica y explica el que se termine con la vida de niños sin darles la oportunidad que un día a todos los que leemos este artículo nos dieron? Lo siento, hay cosas que no se discuten. Unas de estas es que mi libertad social, si me digo cívico, termina donde empieza la del otro. ¿Darles o no un nombre no hace a una niña o niño más humano que al comienzo de la concepción?

Mi experiencia es la de muchos niños. Algunos ni lo saben. Yo tuve la suerte tener dos abuelos. “Yayos” valientes que presentaron cara a la desgana, a los motivos egoístas de “es que no es el momento”, “no es la persona adecuada para tenerlo”, “estoy estudiando, me rompería todo”.  ¿Cuántos no tendrán la misma suerte de tenerles poniendo cordura a tanto desenfreno individualista?

Gracias a los dos, gracias por apostar por mí, gracias porque vosotros fuisteis la clave para que hoy de gracias por este don tan grande que es la vida. Ya estáis allá con Dios, pero os volveré a ver y ese abrazo de agradecimiento eterno por regalarme “la oportunidad”, no se interrumpirá jamás. Testimonio real

 

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