La “ouija” y el espiritismo… ¿qué pensar?

La “ouija” y el espiritismo… ¿qué pensar?

Proliferan las sectas y la búsqueda de la seguridad invade las razón de los hombres y mujeres del mundo. Necesitamos saber en quién y en qué creemos. Buscar la respuesta en Jesús, debería ser la actitud firme de cada uno de sus seguidores sin embargo eso siempre no es así. Os proponemos esta serie de artículos escritos por el P. Luis Santamaría del Río de la Red Iberoamericana de Estudio de las Sectas (RIES).

P. Luis Santamaría del Río.
P. Luis Santamaría del Río.

En Argentina están investigando unos suicidios adolescentes que se han producido en los meses pasados, vinculados seguramente al juego de la “ouija”. Hace poco también se ha puesto de moda en las redes sociales el “Desafío Charlie Charlie”, que pretendía contactar con un supuesto espíritu al colocar dos lapiceros sobre un papel. Todo esto que englobamos bajo el término de “espiritismo”, aunque algunos se lo tomen como un juego, no es nada trivial. Si miramos a la historia, ha existido siempre. Pero el espiritismo contemporáneo comenzó en 1848, cuando dos niñas estadounidenses, Margaret y Katie Fox, se pusieron en contacto con un espíritu que contestaba con golpes a sus preguntas en su habitación (años más tarde, sin embargo, reconocieron que todo fue un engaño).

Hay diversas formas de espiritismo. Una es el contacto con los muertos a través de una persona que hace de intermediaria, el médium o canal. Otras consisten en fórmulas mágicas o invocaciones, o en el recurso a un brujo o vidente. A veces también se habla de apariciones o manifestaciones de los difuntos, o incluso de sus voces (psicofonías). ¿Cuál es el origen de todo esto? ¿Hay algo de cierto? En primer lugar tenemos que descontar los casos que son un fraude, una manera de atraer gente o conseguir dinero de los incautos. Dejando fuera esos supuestos, podemos encontrarnos con hechos que nos parecen inexplicables pero que pueden tener su correspondiente explicación racional, tanto si hablamos de los sujetos que los perciben (de forma errónea o exagerada), como de los hechos en sí, que pueden desentrañarse científicamente.

Pueden darse ocasiones –muy pocas– en las que haya una comunicación real. Entonces se plantea la pregunta: ¿quién habla? ¿Es el difunto, es quien dice ser? Es posible que un muerto se comunique con los que habitamos en este mundo, si Dios lo quiere. No así si lo invocamos nosotros. Entonces, ¿de quién se trata? La experiencia larga de la Iglesia nos dice que son los demonios quienes aprovechan esta curiosidad malsana de los seres humanos para influir sobre nosotros. Por eso el Magisterio de la Iglesia siempre ha rechazado el espiritismo, en la línea de lo ya expresado en la Sagrada Escritura (recordemos el episodio del rey Saúl, que recurre a la bruja de Endor para contactar con el fallecido profeta Samuel, algo que no le gusta a Dios y que acaba causándole la muerte: 1 Sam 28, 3-20; 1 Cro 10, 13-14).

El Catecismo de la Iglesia Católica nos dice (nn. 2115-2117) que el espiritismo es un grave pecado contra el primer mandamiento: el Señor es el único Dios, lo amarás sobre todas las cosas y sólo en Él pondrás tu confianza. Por eso leemos que “Dios puede revelar el porvenir a sus profetas o a otros santos. Sin embargo, la actitud cristiana justa consiste en entregarse con confianza en las manos de la providencia en lo que se refiere al futuro y en abandonar toda curiosidad malsana al respecto”. Por ello, “todas las formas de adivinación deben rechazarse: el recurso a Satán o a los demonios, la evocación de los muertos, y otras prácticas que equivocadamente se supone ‘desvelan’ el porvenir”. Aquí entra “el recurso a médiums” y otras prácticas ocultas que “están en contradicción con el honor y el respeto, mezclados de temor amoroso, que debemos solamente a Dios”. Prácticas que, en resumen, “son gravemente contrarias a la virtud de la religión”, que es una relación personal con Dios, de confianza total, de entrega.

Por ello debe rechazarse todo tipo de espiritismo, tenga apariencia lúdica o seria. Además de lo dicho por la Iglesia, en cuanto al pecado grave que supone, muchos casos reales hablan de problemas mentales derivados del “juego de la ouija” o prácticas semejantes, y consecuencias de tipo espiritual originadas por la acción extraordinaria del demonio. Con estas cosas no se juega.

 

Luis Santamaría del Río

Red Iberoamericana de Estudio de las Sectas (RIES)

Católicos por tu Web
hola@catolicosportuweb.com

Jóvenes católicos FREELANCE en publicidad, marketing digital, diseño web, desarrollo de estrategias DE COMUNICACIÓN, historia y audiovisuales.