El Dios titiritero

El Dios titiritero

A veces me gustaría hacer comprender a las personas cuanto las ama Dios. Cientos, miles, millones hoy por todo el mundo se debaten ante el dolor, piensan que Dios es un ser de la tercera galaxia, siempre lejano y molesto, el ser supremo que controla, castiga y dirige todo, que manda los huracanes y las guerras y quien tiene a los hombres y mujeres aplastados, olvidados: que pena. Dios no es así. Lo que hoy tenemos sobre la tierra, el mal, las enfermedades, la guerra es precisamente producto del uso incorrecto de la libertad que con amor Dios nos regala, libertad para escoger lo que construye y alegra o lo que daña y nos afea. Cada cosa que hoy nos arranca una lágrima es producto de nuestra libertad y Dios no lo ha mandado como una plaga para maldecirlo y humillarlo, no. Si piensas que Dios es un titiritero que juega con tu vida, por eres una sencilla persona al fin y al cabo, su creación, un simple número, lo siento, no estás en lo cierto. No es ese el evangelio de Jesús, ni es parte de las Buenas Nuevas que refrescó a los hombres y mujeres de la tierra desde su tiempo.

Realmente el mensaje es absolutamente lo contrario. Dios te ama tanto que viendo que caminas, quiere hacerlo contigo, sin forzar nunca tu conciencia y tu corazón no siquiera tu paso. Dios no se impone, Dios no quiere una relación tensa, sino de amigos. El poder de Dios es su amor, es su poder y su “debilidad”. Dios se derrite por ti y es así, porque su naturaleza es amar, no existe un pensamiento que pueda empoderarnos más.

La cruz es el resumen de su misión entre nosotros, enseñarnos que otra clase de amor más inmenso y sublime del que jamás podamos imaginar inunda el corazón de Dios. Dios no te anula, Dios no te obvia, Dios no pasa de ti. De hecho, le has importado tanto, y esto cada uno personalmente; tantísimo, que no le bastó acompañarte y quiso ocupar la Cruz para que esta esperanza bendita fuera tuya y fuera tu sostén.

Hombre y mujer del mundo, no estáis solos y solas, no estáis desamparados, ni siquiera el hecho de pertenecer o no a la Iglesia puede excluirte de su amor: “Con amor eterno te amé”. Esas son sus palabras y por encima de cualquier idea falsa aprendida o desarrollada, Dios te ama, tu eres la “niña de sus ojos”. Esa es la única buenísima noticia. Pasa el día rumiándola: Dios me ama, Dios me ama…repítela hasta creértela o hasta encontrarle un sentido, eso te llevará tiempo, pero igual eres de las que no se rinden a la primera. Si ves que solo no puedes, hay cientos de iglesias por ahí que están abiertas y vacías, así que solo Jesús que allí te espera reparará en ti. Y no te preocupes mucho de saber o no expresarte. Tú llega, míralo y deja que te mire. Repítelo hasta quedarte tranquila o tranquilo: Dios me ama, si, a mí, Dios me ama.

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